Ejemplo 1:


Juana, una niña muy sensible, tenía 5 años cuando su mamá me pidió una consulta para su cuarto. Se despertaba mucho por la noche, lo cual alteraba la vida familiar.
Apenas entramos a la habitación, vimos que la cabecera de la cama se orientaba directamente hacia la puerta. El cielorraso reproducía las formas algo caóticas del techo, con cruces de vigas y alturas variadas, todo lo cual creaba intranquilidad.
El cuarto, aunque pequeño, admitía modificaciones. Hicimos trasladar el calefactor para que se pudiera reubicar la cama, con su cabecera apoyada en la pared y en un sitio seguro, libre de las corrientes de aire y de energía. Construimos también un cielorraso suspendido para cubrir el entrecruzamiento de las vigas del techo.
No fueron grandes cambios, pero sí efectivos. Los completamos con colores armoniosos elegidos junto con Juana. El cuarto quedó transformado en un espacio acogedor y tranquilo.
Hoy Juana se duerme fácilmente y disfruta de un sueño tranquilo.


Ejemplo 2:


Los bebés y los niños son muy sensibles a los corrientes de energía. En dos casos que motivaron consultas los problemas eran parecidos, aunque las diferencias exigieron soluciones distintas.
Ninguno de los dos quería dormir en su cuna ni de día ni de noche. Su rechazo a las corrientes de energía que atravesaban sus cunas era tan fuerte, que los padres tenían que llevárselos a su propia cama para que durmieran y los dejaran dormir a ellos.


En los dos casos un lateral de la cuna estaba apoyado a una pared, mientras que la cabecera y los pies quedaban en medio de una corriente de energía que fluía desde la ventana a la puerta de entrada al cuarto.
El caso de Ángel fue fácil de resolver. Bastó con mover el mobiliario fijo para ubicar la cama en un sitio más recogido y seguro. Pero el caso de Lucía no se pudo resolver en el mismo cuarto y hubo que cambiar de habitación.Una vez finalizados los cambios, poco a poco Ángel y Lucía se fueron adaptando, pudieron conciliar el sueño y cada vez se despertaron menos veces durante la noche.


Ejemplo 3:


María, una niña de 3 años, no quería jugar en su cuarto. Vivía en un piso antiguo, su cuarto amplio tenía suficiente espacio para jugar, dormir, dibujar,… pero no le gustaba. Día a día traslada sus juguetes a un entrepiso pequeño que sus padres utilizan para trabajar, conectarse a Internet, estar solos y tranquilos.
El entrepiso no era un buen lugar para jugar, para usarlo con este fin había que modificarlo y darle mayor seguridad. Observamos que el techo de su cuarto era muy alto y que podía ser una de las causas de su desagrado. Vimos la posibilidad de diseñar un entrepiso en el cuarto de María acorde a sus necesidades donde
se tuvieran en cuenta tanto la seguridad de la niña como darle la opción de crear juegos a su gusto.
Así fue como sus padres recuperaron su espacio de trabajo.